Recuerdo cuando regrese de Israel, me encontraba después de 7 años de regreso en mi país natal. Sentía que este regreso marcó en mi vida un nuevo comienzo, pero este nuevo comienzo era EL comienzo de mi vida.

Sentía que en Israel estaba estaba solo pasando mi tiempo, disfrutando de la vida. Ya al volver empezaba la vida, tenía que encontrar a que dedicarme, con quien estar y en general buscar lo que iba a ser mi vida ya de adulta. 

Me adentré en este viaje de autoconocimiento para investigar qué es lo que realmente tenía que hacer con mi vida. Tengo que decir que gracias a Ds nunca tuve unos padres impositivos en relación a lo que tenía que hacer con mi vida, o a qué me tenía que dedicar. Esto hizo que yo tenga una mente flexible de a dónde poder adentrarme o qué poder investigar cómo algo que me gustara. Me hizo sentir muy bien todo este mundo que dice que hay algo más allá de este plano terrenal que esta viéndonos, que sabe mejor que nosotros, que nos cuida y nunca se preocupa si vamos a estar bien o no, porque todo esta fríamente calculado.  Me recliné mucho en estas sabidurías para sentirme bien, enraizada en mi presente y mucho más conectada con mi misma de lo que había podido experimentar hasta ese momento de mi vida. 

Recuerdo que me fui a vivir sola, practicaba meditación intencional todos los días, hacía yoga, escribía. No que alguna de estas prácticas sea relevante pero las menciono para hacer referencia a cómo iba un día bueno en mi vida. Iba por ese camino de tranquilidad cuando recuerdo me descarrilé, me deje llevar por lo que otros pensaban y me deje convencer de que tenía que volver a la casa de mis padres. Tengo que admitir que una parte mía tenía miedo de crecer, de convertirme en alguien que no sabía quien era, ni a dónde iba a llavarla la vida, entonces me protegí, quería seguir siendo una niña de casa que va por el camino “del bien”, que se enclaustra otra vez en lo que piensan y le enseñaron que está bien. Y me casé, y me mudé a otro país, y empecé a trabajar en la comunidad judía local. Ahora estoy aquí con una hija, tratando de volver a ese modo de tranquilidad que estaba construyendo en mi interior hace ya más de 3 años.

Es un modo donde me siento tranquila, donde creo (de creer y de crear), donde no me juzgo, donde me aliento, donde investigo, donde me quiero, donde hago, donde confío (en mi misma, en el universo y en el poder de las otras personas). Me gusta lo que hago y sé que puedo impactar a otras personas haciéndolo. 

Pero primero tengo que estar conectada, tengo que cambiar mi modus operandi en este momento, en este plano, en esta realidad que estoy viviendo. En la Daniela de Finkel que decidió casarse, decidió vivir donde vive, decidió hacer lo que hace y pensar y ser como es. Hoy necesito cambiar, irme en otra dirección, trazar otro camino para mi vida, un camino donde veo a la ventana de afuera y no me desconcentro, un camino donde vuelvo a mi casa y no me desconcentro, voy al gimnasio y convivo con las amigas que he hecho y no me desconcentro, de ese punto y de esa realidad crezco, me conozco, aprendo, y vuelvo a seguir mi camino de conexión, de sentido y de paz interior.